Cada 25 de noviembre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una fecha que nace en memoria de las hermanas Mirabal —Patria, Minerva y María Teresa—, tres mujeres dominicanas asesinadas en 1960 por resistir la dictadura de Trujillo. Su muerte se convirtió en símbolo global de la lucha contra la violencia de género y, desde entonces, este día invita a visibilizar todas las formas de violencia que atraviesan la vida de las mujeres: las evidentes, las silenciadas, las normalizadas y también aquellas que no dejan marcas en la piel, pero sí cicatrices profundas en la identidad y el corazón.
En este marco quiero hablar de una realidad poco nombrada, pero tremendamente dolorosa: la de las “mujeres proceso”.
¿Qué es una “mujer proceso”?
Llamo mujer proceso a aquellas mujeres que son tratadas como etapas transitorias en la vida emocional de un hombre. Mujeres que llegan a una relación con entrega, sinceridad y ganas de construir algo mutuo, pero que terminan siendo utilizadas —consciente o inconscientemente— como un espacio seguro donde ese hombre se repara, crece, se ordena o se sostiene… para luego marcharse sin explicaciones, sin responsabilidad afectiva y sin mirar atrás.
Son mujeres convertidas en puente hacia la vida que él quiere, hacia la siguiente relación, hacia la versión de sí mismo que estaba intentando desarrollar. Una violencia sutil, disfrazada de amor, pero dolorosamente real.
Un patrón que se repite: utilización emocional y económica
En este tipo de vínculos, las mujeres suelen:
Sostener emocionalmente a la otra persona, incluso cargando con su malestar o caos.
Ofrecer estabilidad, apoyo, cuidados, escucha y comprensión.
Aportar tiempo, energía, recursos e incluso dinero.
Creer genuinamente que están construyendo un proyecto compartido.
Mientras tanto, él recibe, absorbe, crece, se “cura”. Pero no desde la reciprocidad, sino desde la utilización. La mujer funciona como una especie de estación de servicio emocional, un lugar al que acudir cuando se necesita pero del que se parte sin aviso.
Cuando él obtiene lo que buscaba —calma, estructura, claridad, validación, estabilidad— simplemente desaparece. A veces con un abandono abrupto, un ghosting emocional dentro de una relación establecida. Otras veces, con una frialdad distante que invalida todo lo vivido.
Y lo más doloroso: parece que todo lo que se compartió nunca existió.
El daño psicológico que deja esta experiencia
Esta forma de violencia emocional deja heridas profundas:
Sensación de vacío, confusión y desorientación.
Dudas constantes sobre la propia percepción.
Desvalorización emocional: “¿cómo no lo vi?”, “¿cómo pude confiar?”.
Vergüenza por haberse entregado.
Sentimiento de haber sido usada o reemplazada.
Dificultad para poner límites o confiar en relaciones futuras.
Miedo a volver a abrirse emocionalmente.
No estamos ante una ruptura amorosa normal. Es una traición vincular, una manipulación sutil y un abandono que erosiona la autoestima y el sentido de valía personal.
Es violencia porque deshumaniza.
Porque convierte a una mujer en función y no en persona.
Por qué es importante hablar de esto
No siempre se nombra dentro del paraguas de la violencia de género, pero forma parte del mismo entramado social: ese que enseñó durante generaciones a las mujeres a cuidar, sostener, sanar y aguantar; y a algunos hombres a recibir, tomar, absorber y marcharse cuando ya no necesitan más.
Hablar de las mujeres proceso es hablar de:
responsabilidad afectiva,
educación emocional,
roles de género,
vínculos desiguales,
autoestima y límites,
y de esa violencia emocional que se esconde en la intimidad de muchas historias.
Para las mujeres que han sido proceso: no fue tu culpa
Si alguna vez te has sentido utilizada para que alguien creciera, se ordenara, se equilibrara o se reconstruyera, y luego te dejó atrás como si no importaras, quiero decirte algo claro:
- No fuiste un puente.
- No naciste para sostener lo que otros no han aprendido a sostener.
- No estás en la vida de nadie para que se apoyen en ti mientras se preparan para marcharse.
- Tu entrega habla de tu grandeza, no de ingenuidad.
- Tu amor habla de tu capacidad, no de tu debilidad.
- Y tu dolor habla de algo injusto que te ocurrió, no de un fallo tuyo.
Un llamado a reconocer estas violencias invisibles
Este 25 de noviembre, además de las violencias que todos conocemos, nombremos también esta:
La violencia emocional que convierte a una mujer en proceso, en herramienta, en trámite emocional.
Porque toda violencia que utiliza, borra, desecha y deshumaniza merece ser visibilizada.
Y porque ninguna mujer debería sentirse sola dentro del silencio de este tipo de heridas.